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El viejo espíritu del basket

Este pasado domingo el equipo cadete masculino de El Salvador cayó en la final del campeonato de Aragón ante el CAI Zaragoza pero cayó como lo hacen los héroes: con la mirada al frente, aguantando las lágrimas, luchando, y derrochando energía. Fue una derrota cargada de los valores que nunca deberían abandonar nuestro deporte: lucha, entrega, sacrificio, compromiso, implicación, generosidad en el esfuerzo, unidad inquebrantable, amistad...

Los chicos de El Salvador me emocionaron y me hicieron recordar el viejo espíritu del baloncesto de colegio. Hablo de hace años (allá por los 80) cuando en muchos 'coles' los grupos permanecían unidos hasta cadete o júnior jugando con un espíritu de unidad y una fuerza surgida de la amistad que les hacía rendir por encima de sus posibilidades.

Hace 8 años cuando el actual técnico del CAI José Luis Abós entrenó por última vez en Zaragoza (al Adecco CBZ de Liga EBA), tuve una conversación con él acerca de ese espíritu que cada día se echaba más de menos en nuestro baloncesto. Para quien no lo sepa Abós se coló consecutivamente en tres finales de campeonato de España júnior en los años 80 logrando dos títulos que sin duda fueron en parte culpables de que la cantera del CBZ fuera conocida como la 'pequeña Yugoslavia'.

Contaba José Luis Abós que en su etapa de entrenador de cantera en el antiguo CAI sabía que tenía el mejor equipo y que iba a ganar el campeonato regional si nada extraño sucedía, pero siempre relataba que cuando iba a determinadas pistas de colegio sabía que iba a tener que sudar sangre para ganar. Ese espíritu de baloncesto de colegio, de grupos humanos forjados en la AMISTAD no sólo de las horas de entrenamiento sino también en las aulas y en los partidillos jugados en el patio, hacía que un ambiente muy especial cuajase en esos equipos que siempre estaban dispuestos a desafiar al grande a pesar de su a menudo manifiesta inferioridad física. Era ese espíritu el que Abós echaba a faltar ya hace unos años en nuestro baloncesto de formación. El sentimiento de pertenencia a TU colegio. El amor puro a una camiseta (habitualmente vieja y gastada) que vestías desde pequeño y que compartías con tus compañeros de clase. Las miles de horas invertidas en conocerse dentro y fuera de la cancha para saber quién y cuándo necesitaba ayuda (y no sólo las defensivas), son los rasgos de identidad que mantenemos en la memoria los que vivimos aquel espíritu de EQUIPO de colegio en el que TODOS JUNTOS luchábamos por nuestro sueños.

El pasado domingo los chicos de El Salvador me ayudaron a recordar todo aquello. Me vi reflejado en sus gestos, en sus miradas, en su fe, en su ESPÍRITU. Un espíritu que sin duda les han inculcado todos sus ENTRENADORES desde pequeños y que mantiene muy vivo una persona de esas que son imprescindibles en nuestro baloncesto: Fernando Mollat. A todos ellos gracias por recuperar un estilo y una forma de entender el basket que lamentablemente está en peligro de extinción. Que el espíritu del cole nunca os abandone.

Jesús Cubría

 

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